poemas sin casa.

Daniel Chacón Aro

hay una casa en llamas que se resiste a caer, 

a luis pérez oramas 

entre que intento apurarme se me va el rastro del cuerpo, se me olvida que soy un fénix,  un campeón de caimaneras y que tengo que descenizarme, pararme en lo más profundo de  la herida que tengo por boca y prolongar los ecos.  

entre que intento aplaudir, mis dedos se acuerdan de avergonzarse de la esperanza. el río va llorando mi nombre y averiguo cómo vivir con las puertas cerradas,  guindándome de las ventanas donde siempre hay alguien cagando.  

entre que intento vivir me hago polvo soñando cosas simples: comer, vestir, dormir. hubiese querido que mis ojos saliesen corriendo detrás del polvo de mis huesos, polvo destinado a florecer fuera de tiempo, tiza hirviente, coqueteo de la inmanencia listo  para
esnifar. pero, 
pero es mi palabra favorita porque después de ella siempre se empieza otra vez de cero. 

entre que intento descocerme del piso, las suelas de las consonantes,  
en el patio de una casa en llamas que se resiste a caer,  
me van sepultando en interrogantes, 
¿la cagaste? la cagaste, l c g s t e. 
ojalá fueran tildes diacríticas los recuerdos y así diferenciarlos de las ilusiones. 

entre que intento que me de sueño se me enjaula la elocuencia. aquí en el duermevela  no hay luz, entonces soy un orador de talla universal. me gusta que no haya luz  porque nadie te dice que quedarte mucho tiempo en la luz puede matarte. 

entre que intento sanar esta vocación de universalitis, el aire le da forma a mis gritos,  es su forma de vengarse por caerle a coñazos, sacarlos de mi gimiendo  para que admitan por mí eso que yo tanto quiero olvidar. 

entre que intento enmudecer el verbo en cámara lenta, el mundo conspira una venganza.  nunca me he movido de estas cuatro paredes, no he visto troyas, ni nuevayorks ni coreas, pero siempre que regreso hiede esta pus ingloriosa de los viajes que nunca se hicieron. el ruido hirsuto de las traiciones sospechadas.  

entre que intento desconfiar, la culpa alborota mis vergüenzas, 
las que me hacen rumiar esta parálisis de las cosas sin nombre.
nadie le da nombre a estas travesuras,  
pero empiezas a vivir cuando dejas de ser una cosa muriente.  

hubiésemos querido fingir nuestra religión, controlarnos para que no nos dijesen que tenemos que sobreponernos al valor de la vida. ninguno, pura paja,  pero igual bien chimbo, bien cansón ser mártires en una caja de herramientas.  

para ser el cielo una cosa que no distinga colores, se traga muy fácilmente las cosas negras. la cosa es que para dejar una huella es preciso irse, los fósiles que todavía tosen no llegan a  ser estrellas, cagarse de la risa si de todos modos le van a tener miedo a las metáforas de la  ausencia.  

quería hacer una oda, pero siempre es lo mismo. creo llegar a la esperanza,  a ese lugar que no es mío y termino haciéndole la paja a la tristeza. es mi tendencia, a lo mejor se reconoce la culpa en su navaja y me deje ser yo mismo. 

cómo podía saber que no podía si yo nunca sé nada, si siendo pozo me vine a morir de sed. me tocó a mí ser el humo de la zarza ardiente. si no la mancha en la pared,  el fingimiento de una pared que traiciona su propia naturaleza.  

manco en el mundo, yo no sé, hermano, si es verdad lo que dicen y debo siempre vestir este  muñón con un garfio. a lo mejor nos ocurre como el paternón y nos vaya mejor en ruinas,  químicamente desesperados.


Foto: Clara Briceño Zappacosta

Daniel Chacón Aro nació en Caracas, Venezuela en 1992 . Escritor, fotógrafo y artista plástico. Licenciado en Letras de la Universidad Católica Andrés Bello. Ha colaborado como ponente y organizador en diversas iniciativas en torno al arte en Caracas. Parte de su obra poética ha sido publicada en la ANT[ROP]OLOGÍA DEL FUEGO (Ediciones Palindromus, 2020) y en medios como Digo.Palabra.txt y Los Hermanos Chang.

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