poemas sin casa.

María Dayana Fraile

Origami

Si doblas una esquina del papel podrías ser el héroe de esta historia
y terminar paseando en un velero de madera y lino.
Testimonio hendido para sí mismo, arrebolado
entre las olas de los grandes periplos y los despropósitos de un metarelato.
Navegamos por las costas de blancas de burbujas de champaña.
Soy la poeta que clavó arpones de cielo en el lomo de la ballena de pesadillas.
La de los nudillos derramados en arrecifes devorados por el sol.
Mi flow era el de los peces de escamas plateadas
dibujadas sobre la espuma.
Los paisajes modernistas dieron paso a los edificios de jengibre y a las cajas de fósforos pintarrajeadas de color rosa.
Disección de ballenas de ámbar o la ilusión de navegar en sus vientres,
de vivir en sus cuerpos
como si fueran un solo cuerpo ensartado en el progreso de las ciencias.
Rayo láser de fantasía. Ropa interior sagrada para el verano. Sable de luz.
Violenta pluralidad de los juegos del lenguaje: la diosa ballena fue representada por los marineros de brazos tatuados. Tarros de grasa de las aletas acumulados en el kitchenette ultrasónico de mi corazón.
Yo no sabría ni qué decir. Me adueño de todas las estrellas en el firmamento.


Irradiación de palabras sobre los insectos de peltre.


Lo siento.
Me fui caminando por las aceras y no encontré nada que valiera la pena.
Sin embargo, este pueblo es arrechísimo. Y cito palabras criollas como si esta ristra fuera regionalista y vanguardista al mismo tiempo.
Encontré puertos y marinas dibujados en los espacios en blanco de este pueblo intercostal.
El maquillaje de las avenidas cada mes se manifiesta menos recatado.
Rubor, mascara, gloss, polvos varios.
Este pequeño pueblo se delinea los labios con un creyón rosa
y luego se tiende en la arena a tomar el sol con su vaginita primordial,
esperando el tiempo de los que nunca vendrán. De los que claudicaron. De los que no supieron manejar el motor de la realidad.
Tengo yates y otras lanchas en la punta de la lengua. Circulan entre mis dientes destrozados por el tiempo.
Esto no es un manifiesto.


Foto: Clara Briceño Zappacosta

María Dayana Fraile nació en Puerto La Cruz, Venezuela, en 1985. Es Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Obtuvo una maestría en “Hispanic Languages and Literatures” en University of Pittsburgh. Su primer libro de cuentos Granizo (2011) recibió el Primer Premio de la I Bienal de Literatura Julián Padrón. Su cuento “Evocación y elogio de Federico Alvarado Muñoz a tres años de su muerte” (2012), recibió el Primer Premio del concurso “Policlínica Metropolitana para Jóvenes Autores”.  Su segundo libro, Ahorcados de tinta (2019), fue publicado en Miami por Cuban Artists Around the World. Escritos de su autoría han sido incluidos en distintas muestras de narrativa venezolana como, por ejemplo, en la Antología del cuento venezolano de la primera década del siglo XXI, editado por Alfaguara, y el dossier de narradores venezolanos del siglo XXI editado por Miguel Gomes y Julio Ortega, publicado en INTI. Revista de literatura hispánica. Actualmente reside en Florida. 

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